Construir en Las Condes implica enfrentarse a una geología que cambia en pocos kilómetros: no es lo mismo cimentar sobre los suelos finos de origen aluvial cercanos al río Mapocho, donde la capa vegetal es más profunda, que sobre los depósitos graníticos meteorizados que afloran en las laderas del cerro Calán. Esta variabilidad exige un control de compactación riguroso desde la fase de movimiento de tierras, y ahí es donde el ensayo Proctor se vuelve indispensable. Lejos de ser un mero trámite de laboratorio, define la densidad de referencia contra la cual se fiscalizará cada capa compactada en terreno, protegiendo la inversión contra asentamientos diferenciales que en esta comuna pueden resultar especialmente costosos. Para complementar la caracterización del subsuelo en zonas con presencia de bolones o gravas gruesas, solemos recomendar una campaña previa de calicatas que permita identificar la granulometría real del material antes de seleccionar el molde Proctor adecuado.
El Proctor no solo entrega una densidad: define la ventana de humedad fuera de la cual cada pasada del rodillo es tiempo y combustible perdido.
